viernes, 13 de enero de 2017

70. El Mineral

    
(Fuente: www.recordandovitoria.wordpresscom)
La fuente de las aguas medicinales

Eulogio Serdán, cuando relata en “El Libro de la Ciudad” que en 1819 el farmacéutico Gregorio Bañares demostró la calidad de sulfúreas, hidrógeno-sulfuradas de las aguas de la fuente del Mineral, cita que se conocía desde siglos atrás, utilizándose sus aguas en primavera para la curación de obstrucciones y otras indisposiciones. También relata como en el siglo XVIII, había un edificio proporcionado y una persona destinada a servir el agua a cuantos la pidieran. No se sabe cuándo desapareció esa casita, pero en la segunda década del siglo XIX ya no existía.
En 1821, el Ayuntamiento realizó grandes reformas en ese terreno. Mientras se estaban realizando trabajos para aislar el manantial de agua dulce del de la medicinal, se descubrió “un banco de mina sulfurosa en las inmediaciones de la Fuente del Mineral”. Acto seguido, se encargó al arquitecto municipal, Manuel Ángel de Chávarri, y al Catedrático de matemáticas del Seminario de Vergara, Antonio Ramón de Azcárate, que realizasen un estudio para la utilización del descubrimiento. En el informe, se detallaron los trabajos a realizar para averiguar el rumbo de la corriente y su posible aprovechamiento en el caso de encontrar más agua sulfurosa. El proyecto era ambicioso, puesto que detallaba: “…si se halla en abundancia se podrá revestir y formar baños tan útiles a la humanidad doliente”. También informaban que “para poder disfrutar de las aguas con alguna mayor comodidad se deberá reforzar el terreno formando una plazuela con sus asientos de céspedes y plantíos de árboles en todo su recinto”. El Ayuntamiento acordó pasar el informe a la Junta de Obras para que a la vista de él dispusiera los trabajos oportunos dando parte semanalmente. La Junta informó que “para dejar con comodidad y limpieza la Fuente Mineral de suerte que los que concurren a beber las aguas gocen de algún descanso en el intermedio que están bebiendo se ha determinado formar una plazuela elíptica con sus gradas de bajada y en su recinto formar asientos”. La obra fue realizada por Juan José Arbizu.
Paralelamente, se encargó al licenciado en farmacia, Bruno Méndez, profesor del Hospital Civil de Santiago, un análisis de las aguas. La obrita analítica se presentó, dedicada al Ayuntamiento. El Consistorio agradeció el trabajo y procedió a su archivo para tratar en su día de imprimirla y publicarla.
Así quedó habilitada la “Fuente Mineral de Cidorra”, nombre con el que aparece citada en la memoria de la Junta de Obras presentada en febrero de 1822 con los trabajos realizados en los dos años anteriores. Cidorra o Zidorra es el nombre toponímico, cuya significación es paseo, del término en que esta enclavado el manantial.
Hasta 1890, estuvo a cargo de la fuente la familia Galíndez durante más de sesenta años. En el intermedio se elaboraron dos reglamentos para su funcionamiento.
El origen del primero, en 1845, fue una queja de que varias personas bebían de un sólo vaso e incluso, en alguna ocasión, de la alcantarilla, originándose alguna disputa con la encargada. Como consecuencia, se redactó un documento con seis normas sobre recipientes, precios, limpieza, etc.
En 1881, se redactó, a petición de Valerio Galíndez, encargado de la fuente, un nuevo reglamento, que era copia del anterior utilizando el nuevo sistema monetario de la peseta. Por lo visto, funcionaban todavía los dos tipos de moneda y surgían algunas discusiones con el cambio.
En 1867, se encargó a la comisión de obras el estudio de una casita para comodidad de los que frecuentaban aquel sitio en busca de aguas. Realizados los planos por el arquitecto municipal, Francisco de Paula Hueto, Aprobado el presupuesto, se construyó  acto seguido. Allí permaneció durante bastante más de un siglo hasta que, como es sabido, fue asolada por un incendio.
Hasta 1905, el principal acceso al Mineral era por un tortuoso camino. Las facilidades dadas por la Marquesa de Villamejor y Augusto Echevarría, propietarios de la mayor parte de los terrenos, hicieron que ese año se hiciera realidad el proyecto de paseo presentado por el arquitecto Javier Aguirre, siendo bautizado con el nombre de Cervantes, ya que en ese momento se celebraba el tercer centenario del Quijote.

0 comentarios :

Publicar un comentario

´