Salto con paracaídas en el centro de instrucción de reclutas
«Estuve los tres meses reglamentarios de campamento en el CIR número 11 de Araca. Estábamos cansados de dar vueltas por Vitoria, aquella ciudad de cielo gris y mujeres demasiado bien vestidas y con caras severas, que a muchos nos producía una timidez exagerada por el miedo al ridículo. Paseábamos, los domingos fríos y nublados, nuestros ropones anacrónicos por la ciudad de Vitoria. Una ciudad de soportales y miradores acristalados, con parques burgueses y estatuas de reyes godos, con una plaza en la que había un monumento a una batalla, con iglesias de piedras góticas empapadas de lluvia, con esa clase de librerías un poco polvorientas que suele haber en ciertas calles estrechas de las capitales de provincia. En el gueto soldadesco de las calles Zapatería y Cuchillería, comíamos todos un plato combinado, soñado durante toda la semana, que se llamaba ´Urtain´ y que hacía honor al nombre del boxeador». (Fuente: Antonio Muñoz Molina)
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