Año 1972 - (Autor: Foto ARQUÉ) - (Fuente: AMVG)
Con su máquina de asar castañas, en la Plaza del Arca
«Vitoria siempre da la bienvenida a sus castañeros cuando llega el frío, antes incluso de que se eche el invierno. Les tiene reservados espacios propios en la vía pública, en particular en el centro, del tal manera que uno sabe que a la vuelta de esa esquina, le espera el maquinista con su buzo mugriento, las brasas y sobre ellas esos ricos frutos del bosque asándose al carbón vegetal. Por cinco pesetas correspondía entonces un paquetito con diez castañas, un cucurucho que alimenta y además calienta las manos y los bolsillos. Las que vendía el caballero tardaban en hacerse un cuarto de hora a fuego vivo. Ya maduras, el tiempo de asado se reducía. Tras muchos años de castañero en invierno y heladero en verano, el hombre se resignaba al sacrificio de cortar una a una las castañas antes de echarlas al calor, que le causaba llagas en las manos y no le daba para cambiar su destartalada furgoneta por un coche nuevo». (Fuente: José Ángel Martínez Viguri)

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