Año 1944 - (Fuente: Revista "Vida Vasca")
Las plazas se llenaban de gente por donde pululaban los aldeanos
«¡También pasaron con el carácter que los conocimos! ¡Ya no son como fueron! Quedan con sus mercados tradicionales, con su animación, que grande se la da al pueblo... pero ¡los de otros días! Por los de antaño, las carreteras y caminos que a la ciudad dirigíanse se veían transitados, con el ir y venir de los aldeanos, por una multitud de ellos, peatones, jinetes en caballos de la tierra, pequeños, de áspero pelaje, otros con la carga del trigo, del maíz, de carros de leña, de paja. Entonces había que comprarlo todo aquí y la venta era necesaria para sus negocios, para llevarse unos cuantos reales. Y en las plazas de las alubias, del ganado... los aldeanos convertían el jueves en fiesta. Los puestos se adornaban con yugos de rojos borlones para los bueyes, con ristras de cencerros más o menos relucientes, con cuerdas enroscadas. Todo se va perdiendo. Son, claro está, los jueves bullosos y prestan al pueblo la animación que los mercados traen».

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